Obra público-privada en carretera transitada por vehículos
  
  
    
      
        

Transparencia y gobernanza en grandes contratos público-privados

          
  • Industria
        
        

        
      
    
  

Los contratos público-privados son una de las herramientas más relevantes de la contratación pública en España. Además de financiar infraestructuras y servicios, refuerzan la transparencia y el buen gobierno. La Ley 9/2017 de Contratos del Sector Público marcó un punto de inflexión significativo para el desarrollo de estos mecanismos de cooperación en España, destacando la relevancia de la fase de ejecución y gestión por encima de los procesos de adjudicación.

 

Esta colaboración público-privada no solo responde a necesidades operativas, sino que también se alinea con una visión de la gestión pública orientada al buen gobierno y la buena administración. La Ley 19/2013 de Transparencia refuerza este ecosistema al obligar a las entidades privadas que prestan servicios públicos a suministrar la información necesaria para cumplir con las obligaciones de transparencia. Los contratos pueden aplicarse de forma eficaz en sectores tan diversos como infraestructuras, tecnología o servicios a las personas.

 

La gestión de los fondos europeos abre actualmente nuevas oportunidades para modernizar la relación entre lo público y lo privado. Estos recursos permiten impulsar proyectos innovadores que fomentan la sostenibilidad social y ambiental, situando a la contratación pública como instrumento estratégico para avanzar hacia un futuro más responsable y eficiente.  

 

El marco jurídico y económico de los contratos público-privados

 

El marco legal y económico que regula la colaboración entre lo público y lo privado ha cambiado de forma notable en los últimos años para adaptarse a nuevas realidades económicas y sociales. Tras la crisis de 2008, Europa reforzó la coordinación económica entre países, creando herramientas como el Semestre Europeo, que permite alinear prioridades económicas y presupuestarias. Este proceso, junto con la movilización de fondos europeos, ha abierto oportunidades similares a las que en su día supusieron la entrada de España en la Unión Europea o la creación del Fondo de Cohesión.  

 

En España, la Ley 9/2017 de Contratos del Sector Público constituye el principal marco normativo de la alianza público-privada (APP). Esta ley traspone las directivas europeas y regula modalidades de colaboración como los contratos de concesión de obras y servicios. Además, introduce reglas especiales de publicidad y elección de procedimiento para los llamados contratos sujetos a regulación armonizada, que se aplican cuando el valor de la obra supera los 5.538.000 euros o cuando los suministros y servicios rebasan los 143.000 euros.

 

La legislación española establece una clara diferencia entre contratos administrativos y privados. Los contratos administrativos incluyen obras, concesiones, suministros y servicios celebrados directamente por una Administración y se rigen por la Ley de Contratos del Sector Público.  

 

Los contratos privados abarcan acuerdos con otras entidades del sector público o con objetivos distintos a los anteriores. En estos casos, la preparación y adjudicación siguen la Ley de Contratos del Sector Público, pero su ejecución y extinción se regulan por el derecho privado.  

 

Eficiencia y calidad como ejes de la colaboración público-privada  

 

La colaboración público-privada se asienta en dos pilares clave: la eficiencia y la calidad. Estos elementos van de la mano y explican por qué este modelo resulta útil para gestionar servicios e infraestructuras de forma compartida.  

 

El principio de eficiencia en la contratación pública ha evolucionado significativamente y ya no se entiende solo desde una perspectiva económica, sino que se valora como un elemento para el cumplimiento efectivo de políticas públicas. Este enfoque implica que los fondos públicos se utilicen para cumplir objetivos sociales, ambientales o de innovación. Es decir, una contratación eficiente no solo respeta la legalidad y el equilibrio presupuestario, sino que además genera un impacto positivo en la sociedad.  

 

Por su parte, la calidad se ha convertido en un criterio esencial en la contratación moderna y se ha incorporado al marco normativo como elemento que debe ser objeto de adecuada valoración. De esta forma, además del precio, se valora la capacidad de las empresas para ofrecer mejores servicios, garantizar la equidad social y cumplir estándares que aseguren la satisfacción de las necesidades públicas.  

 

La colaboración público-privada ha permitido preservar estándares de calidad y equidad social en numerosos servicios de interés público relevante. En el ámbito de las infraestructuras, un ejemplo son las concesiones de autopistas o túneles, donde la colaboración entre Administraciones y empresas privadas ha facilitado el desarrollo de proyectos de gran envergadura. En el ámbito de los servicios urbanos destacan los contratos de gestión integral de residuos o de alumbrado público eficiente, que combinan innovación tecnológica y control de costes para mejorar la sostenibilidad y la calidad de vida en las ciudades.  

 

La contratación pública como herramienta estratégica

 

La adquisición pública de bienes, obras y servicios supone aproximadamente el 14% del PIB de la Unión Europea. Esta capacidad de inversión convierte a la contratación pública en una herramienta capaz de influir de forma directa en el desarrollo económico y social.

 

El contrato de colaboración público-privada como instrumento de política pública

 

Las fórmulas de colaboración público-privada tienen la capacidad transformadora de implementar políticas públicas. Permiten modernizar infraestructuras y servicios públicos estratégicos combinando recursos y experiencia de ambos sectores. Bien gestionadas, estas alianzas generan valor para la sociedad; sin embargo, una mala planificación puede traducirse en un uso ineficiente de fondos, como ocurrió en algunos proyectos europeos que acumularon elevados sobrecostes.  

 

Evaluación de riesgos y rentabilidad razonable

 

La asignación adecuada de riesgos constituye el eje central de todo proyecto público-privada exitoso. Una distribución eficiente destina cada riesgo a la parte mejor preparada para gestionarlo. Una asignación inadecuada puede frenar proyectos o hacerlos inviables en las fases de financiación, construcción u operación. Por otro lado, la rentabilidad para los inversores debe ser razonable, ofreciendo garantías suficientes sin caer en abusos que perjudiquen al interés público.  

 

Innovación en los modelos de contratación

 

La innovación ha sido incorporada en las directivas europeas como política pública prioritaria. Modelos como la Compra Pública Precomercial permiten a la Administración acceder a soluciones de I+D innovadoras, compartiendo riesgos con las empresas y facilitando que estas pueden aprovechar los resultados para nuevos desarrollos. De esta forma, la contratación se convierte en un motor de modernización tecnológica.  

 

Hacia una gobernanza transparente y orientada a resultados

 

La gestión de los contratos público-privados avanza hacia un modelo donde la transparencia y los resultados son los principales criterios para medir su valor social y económico.

 

Transparencia y rendición de cuentas en la ejecución contractual

 

La transparencia es esencial para garantizar la confianza ciudadana y es una herramienta fundamental del control democrático y la rendición de cuentas. Permite acceder a información sobre las ofertas presentadas y la ejecución de los contratos, asegurando que se cumplan los estándares de calidad pactados. Para que este principio sea real y efectivo, la Administración debe modernizar sus procesos e implicar a políticos, directivos y técnicos en una cultura de apertura y control.  

 

Participación de la ciudadanía y control social

 

La participación ciudadana es un derecho constitucional que permite la intervención activa en temas públicos, fiscalizando el desempeño gubernamental en la administración de recursos. Cada vez más países utilizan plataformas electrónicas que facilitan a la ciudadanía enviar comentarios o denuncias, e incluso formar parte de comités de observación. Este tipo de participación enriquece la contratación al incorporar las necesidades reales de la población y reforzar el control sobre el uso de los recursos públicos.  

 

Adaptación institucional y profesionalización

 

La profesionalización del personal de contratación pública resulta indispensable para reforzar el Estado de Derecho, la transparencia y la integridad. La OCDE subraya la importancia de contar con profesionales formados en aspectos técnicos, así como en ética e integridad, ya que la contratación es una de las áreas más vulnerables a la corrupción en Europa.  

 

En los últimos años, la contratación pública ha pasado de ser un simple proceso económico a convertirse en un instrumento estratégico que incorpora objetivos sociales, ambientales e innovadores. Normas como la Ley 9/2017 de Contratos del Sector Público y la Ley 19/2013 de Transparencia refuerzan este cambio de enfoque, consolidando la colaboración público-privada como un motor de transformación.  

 

El futuro de este modelo apunta a contratos más transparentes, evaluados constantemente y orientados a resultados. Así, la colaboración entre sector público y privado puede convertirse en un verdadero catalizador de progreso económico, social y ambiental, capaz de responder a los retos de nuestra sociedad y al uso responsable de los fondos europeos.  

 

En definitiva, los contratos público-privados se consolidan como una herramienta estratégica de la contratación pública, clave para modernizar infraestructuras, mejorar servicios y garantizar la transparencia.

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